lunes, 2 de febrero de 2015

Planificar la innovación como estrategia de futuro

lider innovadorpor Ramón Lubián
Lo tiempos que corren no son fáciles y, en ocasiones, impulsan a las empresas a tomar decisiones precipitadas. Hoy en día, la máxima de hacer más con menos está de plena actualidad dentro de los departamentos financieros de las empresas, que analizan de dónde recortar para seguir manteniendo a flote el barco. Son muchas las partidas que estudiar a la hora de tomar una decisión, ya que una equivocación en este sentido puede hipotecar el futuro de la organización. Se debe huir de impulsos y abordar este proceso con serenidad, sabiendo que la tormenta pasará y que nuestro barco no puede quedarse a la deriva.
Una de las partidas que debe ser intocable es el presupuesto que las empresas destinan a I+D+i, pues este se erige, más que nunca, en el motor de nuestra empresa en una coyuntura en la que es clave seguir siendo competitivos. Desafortunadamente, la visión de la I+D como un gasto, enraizada dentro del tejido empresarial español, sobre todo en el universo de las empresas de tamaño medio y pequeño, impondrá otra realidad. En este sentido, es importante que la pyme se conciencie de que la I+D no es solo un origen de coste sino también una fuente de ingresos. Según cifras del Instituto Nacional de Estadística (INE), las pymes que invirtieron en nuevos productos entre 2006 y 2008 obtuvieron posteriormente el 50% de su facturación precisamente de estos productos.
¿Qué ocurrirá si, bajo la presión de reducir costes, estas no mantienen su inversión en I+D? En el mejor de los casos, dejarán de crecer, porque será muy difícil que sus ingresos aumenten, pero lo más probable es que experimenten una reducción de sus ingresos, con todas las posibles consecuencias que este hecho puede acarrear a la empresa. Véase pérdida de rentabilidad, merma de tamaño y posibilidades de desarrollo, menos opciones para la obtención de crédito, etc.
Es, por tanto, incuestionable que la inversión empresarial en I+D es un pilar fundamental para la supervivencia de las empresas. Ahora bien, no todo el monte es orégano y no basta con mantener esta partida sino que debe asumir que es un presupuesto que ha de planificarse. En la actualidad, las empresas, en especial las pymes, no trabajan con la previsión suficiente y gestionan este presupuesto sobre la marcha, ignorantes de los beneficios que les puede aportar una buena planificación del presupuesto destinado a I+D+i.
Para conseguirlo es clave tener presente varias consideraciones. En primer lugar, la inversión en I+D ha de estar encaminada a cumplir con los objetivos que la empresa tiene marcados. La I+D no es un departamento aislado dentro de la empresa sino que forma parte de un todo que persigue un determinado fin, como por ejemplo, incrementar cuota de mercado, aumentar facturación, etc.
Segundo, es necesario elaborar un presupuesto individualizado por proyecto en la medida en que cada uno tiene necesidades específicas que deben ir acompañadas de una movilización de recursos concreta (no solo cuánto dinero vamos a necesitar sino también, por ejemplo, cuánto tiempo vamos a necesitar para llevarlo a cabo). Lo más lógico es hacer una selección de los proyectos favoreciendo aquellos en curso, siempre que su viabilidad técnica y económica continúe siendo positiva, o que resultan estratégicos para la empresa.
Tercero, es imprescindible que en ese presupuesto se contemplen posibles contingencias e incertidumbres que pueden surgir durante el proyecto. Para minimizar el impacto de esta incertidumbre, las empresas cuentan con diferentes vías de financiación estatales (subvenciones y deducciones fiscales) que les ayuden a reducir el riesgo y aumentar de este modo la rentabilidad del proyecto.
La creciente globalización del mercado, unido a una coyuntura harta complicada para la salud financiera de las empresas, exige a los responsables de las organizaciones un compromiso con la innovación, no solo desde el punto de vista presupuestario sino también de la planificación.
Autor Ramón Lubián – Consultor ingeniero experto en la financiación de la innovación

viernes, 30 de enero de 2015

Empresa Familiar:La Planificación de la Sucesión

por Dr. Edwin A. Hoower 
La planificación de la Sucesión ha sido comparada con muchas y diversas cosas. Yo la comparo con una pelea callejera. A diferencia de la sucesión, la pelea callejera…
– normalmente produce menos “sangre”,
– tiene más claro quiénes son los amigos y quiénes los enemigos,
– las armas y reglas también son más claras,
– y el ganador se siente victorioso.
Por qué las empresas familiares son más complejas que las no familiares y cómo esto influye en el éxito de la planificación de la sucesión 
Se dice que los aspectos emocionales afectan a los empresariales, pero no explican totalmente la complejidad tras la cual están tres elementos constituyentes del negocio familiar:
-Familia: sus valores son el cuidado y la protección de sus miembros.
-Negocio: el valor principal es la contribución del individuo al beneficio o utilidad.
-Propiedad: está basada en la rentabilidad de la inversión.
Hay que evitar caer en el error de tratar a los tres elementos separadamente. Lo importante es su combinación, ya que no puede haber divergencia entre ellos. 
Principios del éxito en la empresa familiar 
Mi experiencia me permite afirmar una serie de principios o axiomas:
1)” En el 99% de los casos en los que la planificación de la sucesión acaba mal, la causa no es la falta de soluciones técnicas, financieras o legales, sino el hecho de que las personas involucradas han trabajado con diferentes agendas”.
2)” Las empresas familiares multigeneracionales deben encontrar vías para lograr un alto grado de convergencia entre negocio, familia y propietario/s.” ¿Y qué es lo que ayuda a lograr esa convergencia? La existencia de unos objetivos que vayan más allá de los intereses específicos de las tres entidades familia, negocio y propiedad. Es decir, que es fundamental tener unos valores globales o corporativos en el negocio familiar (como en el resto de empresas). Hay que saber por qué se hace lo que se hace. Cualquier organización debe tener unas creencias fundamentales para la razón de ser, más allá de la puramente lucrativa.
3)” El negocio familiar es una responsabilidad y no un privilegio de propiedad.” La propiedad siempre tiene que implicar responsabilidad y nunca “la empresa es mía y puedo hacer lo que quiera con ella”
4) “El interés personal , más que ningún otro factor, tiene el gran potencial de entorpecer una planificación exitosa”. Los comportamientos fruto de los intereses egoístas dañan el negocio familiar.
Dicho de otro modo:
1. “La propiedad no es mi derecho, sino un privilegio de compromiso con la empresa”.
2. “Mi negocio depende de mí y de mi cuidado de él, lo que implica reconocer cuándo soy parte del problema”.
3. “Cada día es una nueva oportunidad para hacer algo positivo para mi negocio. Depende de mi que ocurra o no”.
4. “No puedo temer resolver problemas de la familia o de la empresa”.
5. “Para mantener mi negocio saludable, yo he de tener también salud en mente y espíritu”.
6. “No tengo que abusar del privilegio de la propiedad, sino trabajar para el bienestar de cualquier individuo, sea yo, o sea otro”.
¿Cómo afectan estos principios en la sucesión generacional?.
En primer lugar, trataremos de adoptar una ideología corporativa, la cual se plasma en una actitud, en una creencia, en un compromiso…
Como no es tan sencillo, podemos ayudarnos de una serie de herramientas útiles para aplicar todos estos principios:
En la entidad “familia”, será de gran utilidad el tener un Plan de Participación Familiar: valores familiares y visión del negocio; misión del negocio familiar; requisitos de incorporaciones y salidas; supervisión de los miembros en la empresa…
Autor  Dr. Edwin A. Hoower  LSi Resource for Family Business Management (EE.UU.)

domingo, 12 de octubre de 2014

Siete tareas que son un pozo negro para la productividad en la empresa





El tiempo de trabajo que tenemos es limitado, por ello se busca que podamos ejecutar el mayor número de tareas posibles en el menor tiempo, de manera que no tengamos que quedarnos más horas de las previstas trabajando. Pero no siempre se consigue. Vamos a ver siete tareas que son un pozo negro para la productividad en la empresa.

Son esas cosas que tenemos que hacer y sin darnos cuenta, como no hayamos planificado bien, se nos ha ido el día. Y lo peor de todo es la sensación de agobio que nos queda por tener más trabajo acumulado para el día siguiente.
El pozo negro de la productividad en la empresa

Vamos a ver algunas de ellas:

1. Hay empresas que tienen "reunionitis", diagnosticada y todo. Las reuniones que se alargar innecesariamente, que no se han planificado o no tienen un orden del día. Como se hagan a última hora del día peor todavía.

2. El correo electrónico, que si realmente tasamos el tiempo que dedicamos al día a gestionarlo, las empresas adoptarían unas políticas claras de redacción y uso del correo. No nos pagan por tener la bandeja de entrada a cero, sino por sacar nuestro trabajo adelante.

3. Internet es una poderosa herramienta que nos ahorra mucho tiempo en nuestro trabajo, ahora bien, hay que saber gestionarla con inteligencia, ya que si no lo hacemos acabamos por perder el tiempo sin darnos cuenta.

4. El teléfono es otra de las formas de comunicación que supone un problema para nuestra productividad. Por un lado, por las interrupciones que tenemos cuando estamos trabajando. Por otro, porque hay gente que no sabe cómo y cuándo finalizar una conversación.

5. En este mismo sentido podríamos añadir a la mensajería instantánea del smartphone con la que muchas veces nos comunicamos con otros compañeros de trabajo, pero también clientes, proveedores, etc. No es urgente, mejor no dejar lo que estamos haciendo porque haya entrado un mensaje.

6. Los viajes, ya sean cortos o largos, suponen un problema para la productividad. El tiempo de desplazamiento, pero también el que perdemos en salas de espera, no sólo de aeropuertos, sino también del cliente al que visitamos no nos lo devuelve nadie. Al final son muchas horas de trabajo y, a veces, con poco rendimiento.

7. No es una tarea laboral en si misma pero afecta de forma brutal a la productividad. El tiempo de comida y la vuelta del mismo. No se trata ya de que nuestra capacidad de concentración disminuya a medida que avanza el día, es que si hemos tenido una jornada partida, volver a arrancar por las tardes cuesta un mundo.

Podríamos incluir algunas cuestiones más como pueden ser las interrupciones, la falta de organización, la excesiva burocracia interna o la toma de decisiones muy lenta en la empresa... por citar sólo algunas. Ser más organizados, más ágiles y productivos nos permite ser más competitivos, aunque a veces detectar estos agujeros negros de la productividad no es tan sencillo.


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